Contradicciones

Crónica de una ilusión imposible
Soy una viciosa, una tía rara a la que le pone que la zurren, que la quemen, que la encadenen en una jaula o que la marquen con un hierro candente. Soy una pervertida, una zorra caliente que se pasa el día follando con cuantos Amos o pseudoamos encuentro por el camino, que va siempre desnuda y que se pasea por las calles provocando a unos y a otros, mostrando que no lleva ropa interior, que porta bolas en el coño mientras se retuerce por las aceras en cientos de orgasmos espontáneos.
Soy una loca que ha defraudado la confianza y el amor de los que me quieren, de esos que ahora me critican porque soy como quiero ser. No importa que todo eso de que me acusan sea una pérfida mentira; no importa que solamente se trate de una forma de vida libremente elegida con la que no molesto a nadie ni obligo a nadie. No importa que jamás haya dicho una palabra acerca de mi vida, que no haya avergonzado a nadie. Y, mucho menos, importa que mi vida sexual sea tan normal como la de cualquier otra, seguramente más comedida y menos agitada que la de cualquier otra. Lo que importa es que soy una viciosa porque no pienso como ellos y una pervertida porque no voy con un novio y le engaño con cualquiera mientras él me engaña a mí con otra. Lo que importa es que soy una loca porque me he atrevido a llevar una vida diferente, porque disfruto más que ellos y porque he sido capaz de percibir sensaciones que ninguno de ellos es capaz de tener.
Pero da lo mismo. Ya me han juzgado y ya me han condenado. Viciosa, pervertida, putón, loca y rara. Para cumplir mi pena deberé pasar el resto de mi vida junto a un marido ejemplar que me zurrará, insultará, vejará y humillará con todas las normas legales a su favor; deberé follar dos días a la semana, por supuesto él arriba y yo abajo; deberé hablar de ropa, de detergentes o de niños, porque tambien deberé tener niños -lo correcto serían dos- y pudrirme haciendo algo que no quiero hacer porque tengo que redimir mi culpa.
Es igual. Han ganado y lo reconozco. No puedo luchar contra ellos porque son superiores a mí y por eso, hoy, siento por primera vez en todo este tiempo que acaso estoy llegando al final del camino.