La esclava total

Llevo algún tiempo preguntándome cuántas de nosotras que nos consideramos esclavas y que vivimos como tales, que somos propiedad de nuestros Amos estaríamos dispuestas a consensuar una relación en el que nuestro sometimiento fuera del cien por cien. Es decir, mantener una relación en la que durante las veinticuatro horas del día, los trescientos sesenta y cinco días del año nuestra libertad fuese cero, nuestro poder de decisión ninguno, nuestros derechos nulos, nuestro sometimiento total y absoluto, nuestra dependencia completa, nuestras propiedades del Amo. Una relación, por supuesto sana, segura y consensuada en la que no fuéramos dueñas, ni siquiera mínimamente, de nuestro cuerpo ni de nuestra mente, en la que nuestro Amo fuese el que nos dijera lo que podíamos o no podíamos hacer, lo que podíamos o no podíamos tener, la vida que deberíamos llevar, si podiamos trabajar o no, estudiar o no, en la que tuviésemos que entregarle nuestro dinero y nuestras pertenencias. Una relación, en suma, en la que nuestro único derecho fuera terminar con la relación.
Estoy convencida de que sería enormemente interesante conocer la respuesta a este interrogante, aunque mucho me temo que la gran mayoría de nosotras conocemos ya esa respuesta.