Deseos

Me hubiera gustado ser kahira, aunque sólo hubiera sido durante unos días. Estar al servicio de mi Amo las veinticuatro horas del día, ser esclava antes que trabajadora, ser perra antes que estudiante, estar sometida sin tener que pensar en el qué dirán. Y ya, puestos a soñar, me hubiera gustado vivir en una mazmorra, ser conducida a cuatro patas desde una cadena enganchada a mi collar. Me hubiera gustado carecer de libertad, que cada instante de mi vida hubiese estado controlado, vigilado y dirigido por mi Dueño. Me hubiera gustado ser un objeto, una propiedad como lo puede ser una perrilla que se ha adquirido en un mercado callejero y de la que no se conoce otra cosa que su aspecto actual. Haber sido domada día y noche, adiestrada con rigor, amoldada a los gustos de mi propietario.
No me estoy quejando, sólo pienso. He llegado adonde he llegado y me siento orgullosa de haber alcanzado el sitio en el que me encuentro. Orgullosa de que mi Amo me haya concedido el inmenso honor de ser su esclava, de que me haya aceptado en su cuadra a pesar de todo y por encima de todo y de que me haya adiestrado hasta convertirme en una esclava comprometida y verdadera. Orgullosa de haberle servido y de seguir sirviéndole con total sumisión, de haber permitido que me usara a su antojo, de haber cumplido siempre sus órdenes y sus deseos.
Me seguiré ofreciendo a él como su esclava aunque esté a un millón de kilómetros, incluso aunque no esté en ningún lugar o me encuentre allí, tan lejos, donde se hallan las estrellas.
Pero me hubiera gustado haber tenido la oportunidad de dar ese paso, uno solo y no muy grande, y haberme convertido en una esclava total, personal, real, sometida y definitiva. Sé que hubo un momento en que estuve a punto de darlo y que, únicamente, una tonta y desgraciada circunstancia lo impidió. Sé que a partir de ahí se detuvo el tiempo y que el avance casi vertiginoso en el que estaba inmersa se convirtió en otro más propio de una tortuga. Hasta es posible que se haya detenido.
O tal vez no. Acaso algún día mi sueño se convierta en realidad y entonces mi Amo me permitirá abandonar la Torre para acudir a mi trabajo y me esperará reloj en mano, vigilando cualquier retraso, porque seré su esclava veinticuatro horas cada día.
¡Quién sabe!
Hoy grito que me hubiera gustado llegar al lugar y a la posición en la que a veces sueño que estoy. Que me hubiera gustado ser kahira aunque sé que si no lo soy es porque no merezco serlo ni siquiera durante unos días.