jueves, marzo 01, 2007

¿Soy masoquista?


Honestamente, no me siento capaz de responder a esa pregunta. En parte, depende de dos circunstancias: de mi propia evolución ante el dolor y de la definición que tomemos como correcta acerca de lo que es masoquismo. Durante mucho tiempo no he sentido ningún apego por el dolor. Ni siquiera he pensado en él más que como fuente de malestar, evidencia de enfermedad y sensación desagradable que era necesario evitar. Luego, junto con mi propia evolución personal también fue cambiando mi percepción del dolor y casi llegó a ser algo apetecible de experimentar. Quería saber, conocer una sensación desconocida porque no se trataba de dilucidar si el dolor provocado por una enfermedad o por un golpe era más o menos placentero, que no me parece que lo sea en absoluto, sino ese otro dolor fruto de una sumisión que ya por entonces era un objetivo deseable para mí.
Con mi entrada en la sumisión, primero, y en la esclavitud, después, he tenido la oportunidad de experimentar el dolor, no sólo físico sino también mental, que caracteriza a este tipo de relación y debo admitir que para mí resulta claramente placentero. Siento placer ante el impacto del látigo sobre mi piel y lo siento por dos causas claramente definidas. Primero, porque ese dolor es fuente de placer para mi Amo y el placer de mi Amo se transforma en el mío propio. Me gusta pensar que mi Señor me azota porque sí, porque es su gusto, porque quiere hacerlo o, incluso, porque siente placer con ello. Me gusta pensar que soy su esclava y que como tal no puedo hacer nada para evitarlo. Pero también me gusta por la propia sensación que producen los impactos en mi cuerpo. De un lado, porque al recibirlos me siento impotente, inferior, mucho más esclava, alguien a quien se pega para disfrutar. Del otro, porque llega un momento en que el dolor empieza a disminuir hasta prácticamente desaparecer y en ese momento se alcanza un estado superior, una especie de éxtasis al que es difícil renunciar.
No sé si todas estas sensaciones demuestran que realmente soy masoquista o si serlo consiste simplemente en el disfrute puro y duro del dolor. En cualquier caso no me avergüenza la palabra y del mismo modo que me siento sumisa y orgullosa de ser la esclava de otra persona, tampoco me importaria aceptar que soy masoca.

2 Comments:

Blogger Lady Lorena said...

Hola.
Si solo pensar que es la voluntad de nuestro Amo me lleva al placer y desde luego me siento agradecido a su atención, y recibo el dolor nocomo castigo sino como un premio.
Saludos y mi respetos a tu Señor
eligio perro de Lady Lorena

11:46  
Blogger S.Gaurav said...

Buenas noches, silvia{T}:

Mi sumisa no es masoquista, es decir no disfruta del Dolor porque sí, no se excita con él aislándolo totalmente. Sin embargo se entrega al Dolor con "placer" llegado un punto y es al ser consciente de que siento placer y orgullo provocándoselo, al conducirla por el dolor acaba desnudando su alma, sintiéndose más entregada, más cerca de mí, y lo que parecía un rechazo inicial en su mente, con la práctica termina siendo una forma de demostrar su entrega, sentimiento y humildad.

Existe un punto en el que el dolor no especialmente deseado termina convirtiéndose en una fuente de placer para el alma sumisa.

En mi opinión toda sumisa no masoquista que se exponga poco a poco al Dolor debería ir acompañada de una Dominación mental y de unos cuidados adecuados; si le añadimos los ingredientes adecuados, podría superar cualquier nivel.

Saludos para ti y también para tu Dueño.

22:16  

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