sábado, septiembre 23, 2006

El pulgar del Amo

Estoy en un rincón de la mazmorra, desnuda y de rodillas, sentada sobre mis talones y con las manos esposadas detrás de mi cuerpo, pero no me hallo mirando a la pared, sino al frente, al lugar donde mi Amo prepara la sesión.
En la otra esquina se encuentra elena, mi hermana, en la misma postura que yo aunque parece más abstraída, ensimismada en sus propios pensamientos. Yo no pienso en nada; miro lo que sucede, al Amo que está atando las muñecas a una chica de la que apenas sabemos nada y a la que dimos la bienvenida en una ceremonia pomposa, con los rituales propios de este tipo de acontecimientos.
Ahora, siento un escalofrío mientras contemplo cómo rodea sus muñecas con unas esposas de cuero y cómo engancha a ellas una cadena que cuelga desde una argolla en el techo. Es una chica muy hermosa, rubia, alta, con un cuerpo que se realza merced a su desnudez. El Amo se retira unos pasos y la contempla. Luego, se dirige hacia la mesa en la que están depositados los instrumentos. Regresa con uno de esos látigos que llaman gato en la mano, se acerca a ella y acaricia sus nalgas con la mano que tiene libre. Un instante después, descarga el primer azote, un golpe que me parece excesivamente suave. Durante los siguientes minutos, el Amo va azotando a la chica con intensidad creciente hasta lograr que gima con los impactos. No puedo imaginar lo que siente, aunque sé lo que siento yo. Dolor con cada azote que recibe, un dolor profundo y nada satisfactorio; rabia por no ser yo quien recibe cada golpe, porque no sea mi piel la que se estremezca con cada impacto. Envidia, ¿sana? por no poder cambiarme por ella, porque esta noche soy una actriz secundaria. Tristeza porque los ojos del Amo no me miran, porque están fijos en esa chica que se convulsiona con cada golpe, que da las gracias tras cada azote.
Va pasando el tiempo y mi Amo no la deja. De los azotes pasa a las cuerdas y de las cuerdas a la humillación de las órdenes, de las acciones o de las palabras. Me consumo en mi rincón. Quiero levantarme y correr, quiero que me castigue para ser yo la protagonista. Pero no me muevo porque no debo hacerlo, porque soy su sumisa y lo respeto, porque él tiene los derechos. En vez de eso, miro a elena pero elena parece que no está y no sé si no le importa o da por perdida la batalla.
El Amo ha terminado de soltar a la chica y antes de devolver el último instrumento a la mesa, le susurra algo al oído. La chica sonríe y el Amo sonríe también y a mí se me revuelven los pensamientos porque comprendo lo que va a suceder. Estoy a punto de llorar, me cuesta trabajo retener esa lágrima que pretende escapar de mis ojos mientras que el Amo sigue sin mirarme y sin dar muestras de que sabe que estamos allí. Ambos cruzan la habitación para desaparecer tras la puerta y en ese instante averiguo adónde van. Y sé que no lo soportaré, que ya me está doliendo el alma. Entonces, aparece en el cuarto de nuevo, nos mira, primero a elena y luego a mí, sonríe y, tras guiñar su ojo derecho, levanta el pulgar de su mano. Y todo vuelve a ser como era ayer.

3 Comments:

Blogger esclava elena said...

auch!!!

02:24  
Blogger Tarha said...

Delicioso relato,muy bonito y sentido.
Tarha.

07:09  
Blogger Sayuri said...

Excitante...

22:10  

Publicar un comentario

<< Home